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La gran hablada – Carmen Berenguer

La gran hablada

Carmen Berenguer

Formato: 13,5x21cm.
192 Páginas
Colección ποίησις [poíesis] 12
1ª edición: octubre de 2019
ISBN: 978-84-15766-52-0
Precio:  13€

 

 

 

La presente edición incluye los libros Bobby Sands desfallece en el muro (1983), Huellas de siglo (1986) y A media asta (1988) junto a imágenes de Guillermo Núñez para la edición en libro de artista del primero, un epílogo de Soledad Bianchi y una crónica sobre la escritura y publicación de estos libros preparada por la autora especialmente para esta edición.

 

Los tres volúmenes aquí recogidos aparecieron, en Chile, en plena dictadura militar. En ellos el cuerpo, sus partes, el deseo, la violencia física, el amor, el acto de escribir, son obsesiones y materialidades cada vez más presentes y profundas en la poesía de Carmen Berenguer.

Del epílogo de Soledad Bianchi

 

En la poesía de Carmen Berenguer, el canto vagiano ante el vejamen estructural cuestiona las hórmulas hipnóticas al interior de los propios sentidos de uso en que se afianza el supuesto de una lengua dominante, en tanto dispositivo aglutinador de lesa mentalidad. Consistir autorizado o mero subsistir unidimensional, que, con toda su fragilidad y no sin amorosa alevosía, la propia entonación desbarata, en aras del sentido resistir. Ya desde sus primeros libros, reunidos en esta edición, la Berenguer encara su o(b)rar contraoficiante desde una afiliación libertaria, aunque a trescientos sesenta grados de rotación: mientras eriza, transborda anagramas de la más cruda sutileza.

Por supérstite instinto, el desafío aborigen se paraarticula, escucha catártica, conjuro de encrucijadas, desencadenamiento de regueros de seísmos semánticos, hiperpercatación de la materialidad del signo en su sigilo y vigilias, retrotrayendo, numen panarcaico, por humedades matriciales, cantos de contrarrevuelta y atención, adonde ciertas palabras, desfetichizadas, se desincrustan vibrátiles, bichos interpelantes: concentrados de imágenes sónicas que son descargas de tensión, que aceleran despensares, pasan como por un cable pelado que de pronto electrolocuta, en anexacto y calado caló, microfibroso, urgente como desvío de las (crueles, sabemos) fijaciones normativas.

Acaso sea en este plano de emergencia de lo verdadero en devenir, que la poética berengueriana no deja de jugarse entera la puesta en tono y en su justa fiereza.

Reynaldo Jiménez

 

Poeta, cronista y artista visual, Carmen Berenguer dio a conocer su trabajo creativo en los años ochenta. Su propuesta conjuga opinión política, crítica cultural y reflexión sobre el lenguaje, cuyas texturas orales y escritas la autora explora a la luz de una estética altamente provocadora. Su proyecto poético manifiesta un compromiso social profundo, que la lleva a desarrollar temas como la ciudad y sus problemáticas, con especial énfasis en aquellas vinculadas a la política y el mercado, al género femenino y a los signos que establecen nexos entre el cuerpo y la lengua. Todo esto, sumado a una osada apuesta por la mezcla de géneros literarios, conforma los ejes de una obra sugerente, de gran espesor simbólico y cultural.

La poeta publicó su primer libro, Bobby Sands desfallece en el muro, en plena dictadura militar, período en que la poesía femenina en Chile adquirió prominencia en cuanto voz de denuncia y resistencia a la represión. En este contexto, la crítica Eugenia Brito sitúa a Berenguer en la postvanguardia de la escena de avanzada, junto a escritores como Diamela Elit, Raúl Zurita y Diego Maquieira. Con ellos comparte la construcción de un proyecto literario concebido desde una representación del margen, que permite disponer de “un escenario más libre que en el de la ciudad tomada” de esos años (“Introducción”, Campos minados, p. 17).

El año 1986 Berenguer publicó uno de los libros fundamentales de su obra y de la época, Huellas de siglo, seguido de A media asta. Más tarde, su libro Sayal de pieles, uno de los más crípticos de su producción, vino a profundizar las posibilidades de articulación del cuerpo y la escritura. En 1997 obtuvo la prestigiosa Beca Guggenheim en la línea de escritores, en virtud de la cual desarrolló su proyecto Naciste pintada, uno de sus libros con mayor repercusión académica. Con la democracia aún en proceso, Berenguer no dejó de observar de forma crítica su entorno y de verter su opinión en escritos más urgentes, como las crónicas que publicó en el diario virtual Primera línea.

La autora ha conjugado permanentemente su producción literaria con la edición de publicaciones periódicas –como Hoja x Ojo y Al Margen, este último sobre poesía, teoría, crítica y artes visuales- y con la participación en importantes encuentros literarios, como lo fue el Congreso Internacional de Literatura Femenina Latinoamericana celebrado en 1987 (del cual fue organizadora), o la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2012. Asimismo, en su veta de artista visual ha buscado provocar y dar expresión a su visión crítica de la política y la cultura. Berenguer ha desarrollado montajes teatrales junto a su hija Carolina Jerez y performances con Juan Dávila y las Yeguas del Apocalipsis. En 1989 participó junto con este último grupo y Nadia Prado en la performance “Refundación de la Universidad de Chile”, mientras la casa de estudios se encontraba tomada por militares. Algunos de los registros audiovisuales de sus trabajos son la performance “Mi lucha”, la obra de teatro “Putas o empleadas” y el montaje multimedia “Delito y traición”, que recorre la historia de las reivindicaciones femeninas en Chile.

En 2006 publicó el poemario Mama Marx, que vuelve sobre los derroteros de la urbe, y dos años después La casa de la poesía. Ese mismo año 2008 recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, distinción que por primera vez recayó en un escritor chileno. Su poesía ha sido objeto de varias recopilaciones y antologías, así como de estudios críticos y diálogos creativos, como los que poetas de generaciones posteriores, tales como Héctor Hernández, Paula Ilabaca y Gladys González, entablan con su estética.

Nota biográfica tomada del sitio memoriachilena.

© fotografía de la autora, Paz Errázuriz