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Reseña de Amador Palacios de “Situación de la poesía concreta” de Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate en ABC (Edición de Castilla-La Mancha)

Reseña de Amador Palacios sobre Situación de la poesía concreta de Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate en la sección “Artes & Letras” de la edición de Castilla-La mancha de ABC el sábado 28 de diciembre de 2013:

Raíces brasileñas en la poesía española

Oportunísima la publicación en edición exenta de tres amplios e interesantes estudios sobre los movimientos de la poesía en Brasil a comienzos de los años 60 del siglo veinte reunidos bajo el título Situación de la poesía concreta y otros ensayos sobre poesía brasileña que ahora aparecen en la editorial madrileña Libros de la Resistencia a lo largo de casi 200 sustanciosas páginas. Se publicaron en su día en la Revista de Cultura Brasileña, editada porla Embajada de Brasil en España, con la ventaja de no pasar los textos por la señora Censura, ya que era una publicación extranjera. El primer número de esta revista se publicó en 1962 y estuvo dirigida hasta el año 1970 por el poeta manchego Ángel Crespo (Ciudad Real, 1926-Barcelona, 1995). Los trabajos que contiene este libro están firmados por Crespo, gran conocedor de la literatura en lengua portuguesa a ambos lados del océano, y Pilar Gómez Bedate, hoy su viuda, acreditada profesora, traductora, antóloga y poeta, y que colaboró con su marido en tantas realizaciones intelectuales de altura.

La introducción a estos profundos análisis (Situación de la poesía concreta, Tendência: poesía y crítica en situación y Cuestiones fundamentales de la poesía praxis, que vieron la luz en el 63, 65 y 66, respectivamente) corre a cargo de Pilar Gómez Bedate, quien cabalmente ciñe su explicación al ámbito, circunstancial y precedente, en que se desarrollaron estos movimientos.

Si la poesía es, fundamentalmente, un arte temporal, como la música, el concretismo se desentiende de esta condición y aspira a producir sus composiciones abarcando el terreno espacial, propio de las artes plásticas. Sus creadores, rechazando moldes tradicionales, sentían “la necesidad de prescindir por completo de la estructura sintáctico-discursiva del verso”, para recibir del poema una impresión global, cercana, en cierto modo, a la instantánea del haikú japonés.

Los concretistas quisieron que el poema fuese un objeto utilitario, comprometido con su tiempo y muy eficaz por la reiteración y yuxtaposición verbal empleadas, queriéndole otorgar una factura tanto realista como científica. Un solvente pionero de estas avanzadillas fue João Cabral de Melo Neto, quien proclamaba en el Congreso de Poesía de São Paulo, celebrado en 1955, que las artes actuales “vienen sintiendo la necesidad de encontrar nuevas formas capaces de interpretar una realidad cambiante, cuya forma ha hecho variar las nuevas doctrinas científicas y sociales.”

Cabral de Melo es personaje decisivo en la evolución poética de algunos poetas españoles en los primeros lustros de posguerra, precisamente aquéllos que instauraron en nuestro país, centrados muchas veces en lo que es hoy Castilla-La Mancha, la fecunda corriente del “realismo mágico” (aspiración a una expresión realista de altas dotes imaginativas), con Ángel Crespo y Gabino-Alejandro Carriedo a la cabeza. Cabral era muy conocido por todos ellos, pues residía en España como cónsul de su país y vertía en sus poemas innumerables temas españoles. Fue Cabral el que puso como condición sine qua non que fuese Crespo el que dirigiera, al aparecer, la Revista de Cultura Brasileña. Los poemas de Cabral y sus seguidores españoles actúan como herramientas útiles, tal una hoz, tal un martillo, tal las flamantes niveladoras de las obras públicas. Crespo y Carriedo, sobre todos los demás, lo que quisieron propulsar, a través de sus creaciones y las revistas que fundaron, era establecer un realismo comprometido muy necesario en esos años de falta total de libertades, pero exigiendo que el poema fuese un poema, autónomo, con su propia realidad, y no los pedestres panfletos, quasi eslóganes, en que incurrieron engañosamente muchos poetas de la afamada poesía social. Citemos finalmente, atemperando este juicio malévolo, las palabras del propio Crespo, uno de los múltiples protagonistas en la corriente del compromiso literario español, cuando declara que la impoluta actitud planificadora de estos movimientos brasileños “se halla muy lejos del realismo verdaderamente ingenuo de gran parte de la llamada poesía social —que no alcanza a serlo en la medida que la vanguardia brasileña— al valerse de impulsos subjetivos (y no cabe duda que nobles) expresados mediante un lenguaje no planificado y sí tomado de una tradición que, en gran parte, niega las propias inquietudes de dichos poetas.” Una poderosa certeza proclama que en la mejor poesía comprometida de la posguerra, representada principalmente por Crespo y Carriedo, se dejó sentir la influencia de los postulados concretistas que en este libro se analizan.

Amador Palacios